Algunas citas dignas de recuerdo


sábado, 13 de mayo de 2017

Tintes sobre el secularismo político y el mundo actual

Han pasado nueve siglos desde el inicio de las guerras de religión. Numerosos conflictos armados se sucedieron entre distintos reinos. Diferentes cultos, diferentes creencias, diferentes lenguas... ¿Qué importa? La sangre una vez derramada es homogénea. Lo era entonces, como lo es ahora. 
Hoy, lejos de haber cesado los sables de quitar vidas, el mundo continúa enfrentándose al yugo de la religión. Entran en juego, además, otras esferas: la política, intereses económicos diversos, la sociedad civil... Demasiados componentes expuestos sobre el tablero. 
"El gobierno papal fue instituido por Dios para el bien común de todos los hombres, y debe basarse en la humildad y el deseo de servicio a la comunidad cristiana del pontífice, no impulsado por sus deseos de honor y provecho, ni para ser servido". Tampoco puede el papa negar su naturaleza humana, ni escapar a sus instintos. Allá donde puedan toparse sus intereses con los de la comunidad se abrirá una brecha de injusticia, y al no estar el bien común salvaguardado, significa que el papa no puede tener la potestad para permitirlo.
Ya lo mostraron en el pasado: política y religión no deben  caminar de la mano. Pensadores como Guillermo de Ockham y Marsilio de Padua revisaron con minucia las Sagradas Escrituras en busca de argumentos de los propios padres de la Iglesia capaces de demostrar que la potestad del papa no podía extenderse sobre la esfera política. Si bien es cierto que en la actualidad no resulta ser la fe católica la que origina la controversia, sin embargo la situación es comparable, semejante. Allí donde entronquen política y religión surgirá la intolerancia, la exclusión, la imposición por fuerza coactiva de principios y costumbres, la violencia..  
La salvación podrá, en teoría, venir a través de la revelación, de la fe y el cumplimiento de los mandatos y preceptos de la religión en cuestión. Pero esta ha de ser una decisión personal. Ningún yugo debe poder imponer ese camino a quienes no quieren seguirlo, a quienes no buscan salvarse en detrimento de su libertad de pensamiento y obra, incluso de su vida. 
Puede que estemos haciendo algo mal. Tal vez estemos equivocados y sea verdad aquello de que la guerra nunca conduce a la paz. Tal vez la Edad Media no esté situada tan lejos del presente como esperamos. 

“El papa es el padre de los fieles, y su gobierno no se asemeja a un gobierno despótico, sino paterno. Luego no tiene plenitud de poder”. – Guillermo de Ockham, Sobre el gobierno tiránico del papa. 

jueves, 11 de mayo de 2017

Sobre los gentiles: La Divina Comedia

A lo largo de este curso hemos estudiado numerosos puntos de vista y consideraciones acerca de lo divino. Sea cual sea la concepción que se albergue acerca de Dios (como Creador, como juez supremo, como mero concepto primero metafísico...) la cuestión trascendental aparece inevitablemente en todo pensamiento medieval. Sin embargo no se puede hablar de una convergencia universal de los argumentos. 

Existe una figura criticada por ciertos autores: el gentil. Curiosamente la definición de gentil identifica al no creyente, al observador: al ateo. Al que aun sin identificarse con ninguna de las tres religiones (cristiana, judía o islámica), escucha los argumentos que las tres defienden. Aquellos que, a pesar de su conocimiento (ya que se correspondieron con las personalidades con mayor formación teórica), desean saber más. 
Según la Divina Comedia los papas no van al paraíso. En aquel lugar habitan los filósofos. 



La Divina Comedia: El Infierno. Canto XXVI

¡Alégrate, Florencia, porque eres tan grande
que por mar y por tierra bates las alas,
y por el infierno tu nombre se expande!


Entre los ladrones encontré cinco tales
ciudadanos tuyos, causa de mi vergüenza,
y tú con gran honor no te sales.



Pero si hacia el amanecer se sueña,
tu sabrás, en muy poco tiempo,
lo que Prato, y tal vez otros, te auguran.



Y si ya hubiera ocurrido, dirán que fue tarde.
¡Ojalá fuera ahora, ya que ha de ser!
que más me abatirá, cuanto más me pase el tiempo.



Partimos de allí, y, por las peldaños
de rocas que nos sirvieron para bajar antes,
subió mi Conductor, y me arrastró consigo;



y prosiguiendo la solitaria vía,
entre las astillas y las rocas del escollo
el pie sin la mano no se expedía.



Me dolió entonces, como de nuevo me duelo,
cuando dirijo la mente a lo que vi,
y más refreno el ingenio como no suelo,



a que no corra sin que la virtud lo guíe;
de modo que si una buena estrella o mejor cosa
me ha dado el bien, que yo mismo no me lo envidie.



Así como el aldeano que en la colina reposa,
cuando aquel que el mundo aclara
su rostro menos esconde,



cuando al mosquito cede paso la mosca,
ve las luciérnagas abajo en el valle
tal vez allá donde él vendimia y ara:



así con tantas llamas relucía entero
el recinto octavo, como observar pude
cuando allí estuve donde se veía el fondo.



Y como aquel que se vengó con los osos
vio el carro de Elías en su partida,
y los caballos subir rectos al Cielo,



incapaz de con la vista seguirlos,
pues ya más no veía que una sola llama,
como nubecilla, que hacia lo alto ascendía:



tal estas otras bullían por el golfo
del foso, porque no muestra ninguna el hurto,
y cada llama un pecador esconde.



Sobre el puente estaba yo mirando inclinado
tanto, que si no estuviera de una roca asido,
hubiera caído abajo sin que me empujaran.



Y mi Conductor, que me vio tan absorto
me dijo: Dentro del fuego están los espíritus;
cada uno vestido de la llama que lo abrasa.



Maestro mío, respondí, al oírte
estoy ahora más cierto; pera había ya notado
que así era, y estaba por decirte:



¿Quién está en aquel fuego que se divide
arriba, que parece surgida de la pira
donde fue metido Eteocles con su hermano?



Respondióme: Allí adentro se castiga
a Ulises y a Diomedes, y así juntos
a la venganza van como a la ira;



y dentro de su llama se llora
el engaño del caballo que fue puerta
de la cual salió de los Romanos la noble estirpe.



Llórase dentro el artimaña por la cual, muerta,
Deidamia aún se lamenta de Aquiles,
y por el Paladio se sufre duelo.



Si adentro de aquella flámula pueden
hablar, dije yo, Maestro, mucho te ruego
y te suplico, así que el ruego valga mil,



que la ocasión de esperar no me niegues
a que la llama encornada hasta aquí se llegue;
¡Mira cómo a ella me arroja el deseo!



Y él a mí: Tu súplica es digna
de mucha loa, y así por ello la acepto;
pero haz que se contenga tu lengua.



Deja que hable yo, que he comprendido
lo que quieres; que ellos te serían esquivos
porque son griegos, tal vez por tu jerga.



Luego que la llama llegó a nosotros
cuando juzgó mi Conductor oportuno,
de esta forma oí que les hablaba:



¡Oh vosotros que sois dos dentro de un fuego!
Si amerité de vosotros cuando era vivo,
si amerité de vosotros bastante o poco



cuando en el mundo escribí mi alto verso,
no prosigáis; mas que uno de vosotros diga
donde, por su valía, perdido de muerte quedó.



El cuerno mayor de la llama antigua
comenzó a sacudirse murmurando,
a la manera de la que un viento fatiga;



y con la cresta aquí y allá meneando
como haría una lengua que hablara,
lanzó afuera la voz y dijo: Cuando



me alejé de Circe, que me retuvo
más de un año preso en Gaeta,
antes que así Eneas la nombrara,



ni la dulzura del hijo, ni la piedad
del viejo padre, ni el debido amor
que debía a Penélope hacer dichosa,



vencer pudieron dentro de mí el ardor
que tuve de hacerme del mundo experto
y de los vicios humanos y de su valor;



antes, me lancé por el alto mar abierto
con sólo un barco y con aquellos compañeros
pocos, de los que no fui abandonado.



De costa en costa vi al final los límites de España,
hasta el Marruecos, y la isla de los Sardos,
y las otras que aquel mar en torno baña.



Yo y mis compañeros éramos viejos y tardos
cuando llegamos a aquella fosa estrecha
donde Hércules marcó sus dos resguardos



para que el hombre más allá no se meta;
a la derecha mano dejé Sevilla,
de la otra ya había dejado Ceuta.



“¡Oh hermanos”, dije, “que por cien mil
peligros habéis llegado a occidente,
de esta tan pequeña vigilia



de nuestro sentidos remanente
no queráis negaros la experiencia,
siguiendo al Sol, hacia el mundo sin gente.



Considerad vuestra simiente:
hechos no fuisteis para vivir como brutos,
sino para perseguir virtud y conocimiento”.



Mis compañeros tornáronse tan ansiosos,
con esta mi breve arenga, de seguir camino,
que apenas podría con esfuerzo contenerlos;



y, vuelta nuestra popa a la mañana,
de los remos hicimos alas para el loco vuelo,
avanzando siempre por el lado izquierdo.



Todas las estrellas ya del otro polo
veía la noche, y el nuestro tan abajo,
que no asomaba fuera del marino suelo.



Cinco veces encendida y tantas apagadas
pasó la luz por debajo de la Luna,
luego que entrados fuimos en aquel gran paso,



cuando apareció una montaña, bruna
en la distancia, y parecióme tan alta
como no había visto nunca una.



Nos alegramos, aunque enseguida volvióse llanto,
porque de la nueva tierra un torbellino nació
que golpeó al leño en su primer lado.



Tres vueltas nos hizo girar con toda el agua;
y en la cuarta se alzó la popa en alto,
como a Otro plugo, y la proa se fue abajo,



y al fin el mar sobre nosotros volvió a cerrarse.

https://www.uv.es/ivorra/Historia/SXIV/Comedia.html


miércoles, 26 de abril de 2017

Averroes y la mujer en el islam

Hoy recuerdo mi reciente viaje a Granada, donde pude comprobar que, a veces, la teoría se hace tangible. Poco conocía entonces acerca del pensamiento islámico, y aunque a pesar de mi paso por las clases del profesor Rafael Ramón Guerrero (especialista en filosofía medieval y árabe), siento que mi curiosidad me muestra lo poco que todavía sé, lo muchísimo que me queda por conocer en cuanto a esta temática.
Mi curiosidad pareció en primera instancia, desde la apertura de este blog, en un autor andalusí, cordobés, concretamente: Abu I’Walid Muhammad Ibn Ahmad Ibn Muhammad Ibn Rusd, alias Averroes.
Averroes es conocido como El Comentador, título merecido por dedicar gran parte de su obra a comentar los textos y teorías de los pensadores antiguos, como Platón y Aristóteles. A partir de la reflexión expuesta en estos comentarios Averroes muestra su filosofía.
De todo lo dado acerca de este autor en las clases, nuevamente mi atención se centró en el comentario que realizó a la Azora 4 del Corán, sobre las mujeres. Bien es sabido que el papel de la mujer en el islam es notablemente inferior al del hombre a todos los niveles: político, económico, social y jurídico, en tanto que la religión, la ley divina, y la justicia, son equiparables. Actualmente y desde la aparición de su libro fundamental, el Corán, diversas y constantes aberraciones cometidas contra la mujer han sido justificadas por los musulmanes en las exigencias del Corán, concretamente de la Azora 4.
Sin embargo atendiendo minuciosamente a las aleyas que componen este capítulo, encontramos numerosas discrepancias entre tales argumentos y el texto. No obstante lo dicho, observemos las incongruencias entre diferentes aleyas: mientras unas predican el respeto a la mujer en tanto que madre, esposa, hija, hermana, etc, así como igualdad entre ambos sexos, otras pueden ser interpretadas en sentido contrario. Pese a todo los preceptos descritos parecen ser mucho menos radicales en la teoría que en la práctica.
A continuación veamos algunos de estos paisajes coránicos:
-        2.187: “Durante el mes del ayuno os es lícito por la noche uniros con vuestras mujeres: son vestidura para vosotros y vosotros lo sois para ellas…”
-        2.222: “Te interrogan acerca de la menstruación. Di: “Es un mal. ¡Manteneos apartados de las mujeres durante la menstruación y no os acerquéis a ellas hasta que se hayan purificado!...”.
-        2.223: “Vuestras mujeres son para vosotros como un campo labrado. ¡Venid, pues, a vuestro campo como queráis…”.
-        30.21: “Entre Sus signos está el haberos creado esposas nacidas entre vosotros, para que os sirvan de quietud, y el haber suscitado entre vosotros el afecto y la bondad. Hay en ello, sí, signos para gente que reflexiona”.
Atendamos sobre todo a esta última. En ella se reconoce incluso la capacidad racional y reflexiva de las mujeres, la cual hoy no parece ser reconocida, en vista de tantos delitos cometidos a diarios contra ellas.
Averroes defenderá su capacidad racional y criticará el poco margen que se les da para demostrar sus capacidades, exactamente iguales a las de los hombres si, en caso de la religión musulmana, se les diera oportunidad de ello instruyéndolas en artes diferentes a las tareas teóricamente prescritas para las mujeres (como hilar, por ejemplo).
«En estas sociedades nuestras se desconocen las competencias de las mujeres, porque en ellas sólo son aceptadas para procrear, siendo confinadas al servicio de sus maridos y relegadas al cuidado de la procreación, educación y crianza. Pero esto inutiliza sus otras capacidades. Como en estas sociedades las mujeres no son preparadas para ninguna de las virtudes humanas, con frecuencia parecen meras plantas. Son una carga para los hombres, por lo que esto es una de las razones de la pobreza de estas comunidades, en las que llegan a duplicar en número a los varones, mientras que al mismo tiempo, y en tanto carecen de formación, no contribuyen a ninguna otra de las actividades necesarias, excepto en muy pocas, como el arte de hilar y el de tejer, las cuales realizan la mayoría de las veces cuando necesitan fondos para subsistir». – Averroes, sobre la azora cuarta del Corán.
A pesar de la suscripción del autor a la consideración de la mujer como un igual, existe otra aleya cuyo contenido es muy discutido:
4.34: “Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Dios ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Dios mande que cuiden. ¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis más con ellas. Dios es excelso, grande”.
Numerosos lingüistas y expertos parecen coincidir en la traducción del árabe de esta aleya, y en efecto, deducir que apunta e incita al maltrato de la mujer “en caso de necesidad”.
Un asunto muy controvertido en la actualidad versa sobre el asunto del velo y la vestimenta, en general, de la mujer musulmana.  Veamos algunas aleyas que a esto refieren y observemos que, en efecto, no la obliga al uso del burka, incluso del velo y otras vestimentas:
-        Azora 24: La Luz (al-nūr) 31. Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están a la vista, que cubran sus pechos con los velos y no exhiban sus adornos sino a sus esposos, a sus padres, a sus suegros, a sus propios hijos, a sus hijastros, a sus hermanos, a sus sobrinos carnales, a sus mujeres, a sus esclavas, a sus criados varones fríos, a los niños que no saben aún de las partes femeninas. Que no batan ellas con sus pies de modo que se descubran sus adornos ocultos. ¡Volvéos todos a Allah, creyentes! Quizás, así, prosperéis.
Jumur, plural de jimār. Significa, en su sentido originario, la pieza de ropa que sirve para cubrir, para ocultar, que es el sentido que tiene la raíz jm-r. El velo. En algunos textos clásicos se dice que es el velo con el que la mujer cubría la cabeza.
Ŷuyūb, plural de ŷuyb, significa, “pecho, seno”.
Se trata, entonces de que las mujeres cubran sus senos, sus pechos -su escote, dice alguna traducción-. La edición del Corán a cargo de la Universidad de Medina, en Arabia Saudí, se ve obligada a añadir piadosamente en nota al lector: “Y también sus cabezas y sus cuellos”.
-        Azora 33: La coalición (al-ahzāb) «59. ¡Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran con el manto. Es lo mejor para que se las distinga y no sean molestadas. Allah es indulgente, misericordioso».
-        Azora 33, aleya 53: «… Cuando les pidáis un objeto hacedlo desde detrás de una cortina. Es más decoroso para vosotros y para ellas. No debéis molestar al Enviado de Allah, ni casaros jamás con las que hayan sido sus esposas. Esto, para Allah, sería grave».
Sea como fuere, está claro que las exigencias en cuanto a la vestimenta no son originariamente, según las leyes coránicas, tan estricta como ahora parece. Ese es asunto de la Sunna. 
Imagen sacada de internet: http://www.urgente24.com/209160-machismo-islamico-universitario-para-conservar-empleos-y-poder 

viernes, 21 de abril de 2017

El efecto murciélago

Entre el blanco y el negro hay una gama infinita de colores, puesto que siempre se pueden mezclar y dar lugar a otros totalmente diferentes. No conocemos todos los colores, pero tenemos unas vagas referencias, por lo que los diferenciamos. Pero, ¿dónde está el color? El ojo tiene la capacidad de reconocer el color de los objetos, pero en esa facultad no están los colores. Si apagamos la luz y nos quedamos completamente a oscuras no veríamos ningún color, pero esta mesa seguiría siendo del color que es.
Todo nace a partir de la luz. El murciélago, ¿tiene relación con la luz? Nosotros sí, porque la luz hace que cambie nuestra percepción de los colores. Gracias a la facultad del ojo de interacción con la luz podemos percibir el color. Nosotros tenemos una interacción con la luz, pero esa interacción, ¿es consciente? No. No es voluntaria, lo hacemos sin más, sin elegir hacerlo o no. En filosofía esto hace referencia al alma vegetativa que describió Aristóteles.
El murciélago, aun sin ver, tiene una relación con la luz. Se ve atraído por la luz, al igual que lo hacen las polillas, en la búsqueda de su alimento.
Las artes mecánicas se asemejan a lo vegetativo. Se corresponden con el alma vegetativa, porque sacian necesidades. Las artes liberales son propias de lo intelectivo. Y la metafísica, ¿dónde se encuentra? Está fuera de nosotros. Al igual que el ojo no puede conocer todos los colores, nosotros no podemos conocerlo todo. Sólo podemos albergar el deseo de hacerlo. En el mundo medieval el objeto de conocimiento más importante, por encima de todo, era Dios. ¿A caso no nos pasa con Dios como al murciélago con la luz? Tenemos ciertas nociones sobre él, pero no poseemos una interacción completa, consciente, segura. Nuestro conocimiento sobre lo divino es limitado.
Aristóteles en la Metafísica dirá que no podemos saberlo todo, al igual que el murciélago no puede conocer la luz. Por ello es necesaria la interacción con el conocimiento de los demás, para hacer el nuestro propio lo más completo y extenso posible. Lo que cada uno sabe sobre la realidad es poca cosa, sin embargo la reunión de todas las ideas sí puede constituir algo importante. Todos tenemos por naturaleza la facultad de conocer algo. Lo mismo que la luz ciega a los murciélagos, la realidad lo hace con nosotros. Nos ciega el resplandor de la verdad.
Aunque haya alguien con una mayor percepción, esa percepción nunca será completa por sí sola. Por poco que veamos nosotros siempre podemos completar y completarnos. Todos sufrimos de alguna manera el efecto murciélago.  
El presente y el pasado siempre están en interacción. Tantas obras de las que hoy aprendemos fueron compuestas con compilaciones de apuntes de clases, dudas, interpretaciones, concepciones diferentes desde tiempos de la Academia de Platón. Y nosotros, los medievales, los modernos, los completamos progresivamente. 
Los pensadores medievales interpretarán que la luz de Dios nos ciega. Está ahí su verdad, pero esa verdad es tan grande y brillante que no podemos verla, porque nos deslumbra. Presente y pasado interactúan. Nos complementamos con los antiguos, y quienes nos sucedan lo harán con nuestras obras. Entonces debe haber un tercer tiempo: un futuro en el que encontraremos el conocimiento pleno.
Si más allá de la muerte hay una parte de nuestra alma capaz de observar el Bien puro e integrarse con él, es porque en nuestra vida pasada intentamos acercarnos a él mediante nuestras acciones.
La beatitud es estar en el Bien puro, la felicidad eterna. La felicidad intelectual es lo que obtenemos mediante el bien inmediato, en la Tierra. En hacer el bien en la Tierra hay un placer, una fruición, un deseo. Por tanto la vida eterna es un eterno placer.
Los teólogos dirán que necesitamos del auxilio divino, porque somos murciélagos, y la iluminación rebate ese efecto de ceguera intelectual. Esto es el misticismo.
Independientemente de la religión a la que se pertenezca, existirán acciones prescritas que impulsarán al hombre a la iluminación. En nuestro caso, estudiantes, la exigencia se transmite de otra manera. Una vez hayamos sido instruidos en nuestro arte debemos esforzarnos en ejercer lo que hayamos aprendido con la mayor plenitud y grandeza posible, aunque en el aprendizaje nos hayamos percatado de que la luz que nos ciega los ojos es aún más brillante. Pero nuestro esfuerzo será recompensado con la felicidad intelectual. En esa acción seguirá operando el sumo Bien. Toda operación humana que está bien hecha tendrá interacción y relación con el sumo bien.

El problema es que se nos presentan numerosas dificultades para hacer las cosas bien… Confiar ciegamente en una autoridad frágil, o en las costumbres de lo colectivo. A veces también nuestra propia ignorancia nos sabotea: el efecto murciélago multiplicado. Nuestro empecinamiento en lo que creemos cierto siendo desconocido, la sabiduría aparente, nos limita. Nos impide alcanzar la felicidad intelectual. La ignorancia es una autolimitación que nos impide aprender. Los prejuicios sobre uno mismo, y sobre los demás. 


jueves, 20 de abril de 2017

Hortus deliciarum, artes liberales y actualidad

A pesar del tiempo transcurrido desde la apertura de CONECT@VERROES me gustaría retomar las publicaciones haciendo referencia a un vistoso elemento de este blog: la imagen de cabecera. 

Mi interés en referencia a las recensiones requeridas en clase ha recaído en la obra de Thierry de Chartres Tratado de la Obra de los Seis Días. Esta presenta la exégesis del creacionismo descrito en el Génesis desde el punto de vista de la física. Para ello, como perteneciente de la Escuela de Chartres, el autor utiliza el trivium (la elocuencia) y el quadrivium (la matemática), las llamadas artes liberales, con objeto de construir una argumentación sólida en favor de su propósito: demostrar el creacionismo. 
En la imagen referida aparecen representadas mediante figuras femeninas las siete artes liberales. Nuevamente pongamos atención al interés y la preferencia por la imagen de la mujer en las representaciones medievales.
Pertenece al Hortus deliciarum (Jardín de las delicias), un manuscrito ilustrado medieval cuya autora fue la monja Herrada de Landsberg en el convento de Mont Sainte-Odile Abbey (la abadía de Hohenburg). Esta compilación sirvió como enciclopedia pedagógica para las jóvenes novatas del convento. Fue terminada en 1185 y se trata de la primera enciclopedia reconocida. 
Estaba escrita en latín, con glosas en alemán, en su mayor parte. Incluye poemas, música e ilustraciones (la parte más importante). Entre todos los temas que incluye destacan la literatura y la teología, pero sobre todo, la filosofía. Como ocurre en otras obras, se pretende hacer uso de las artes liberales para la instrucción, para el conocimiento del mundo entero, puesto que estas representan la conexión entre la creación misma y la razón humana. 
Hoy la preocupación por nuestra formación, no obstante, es muy diferente. La sociedad, en general, ha renunciado a la reflexión abstracta, volcándose en la extinción de sus necesidades y en su deleite en lo material. Con el paso del tiempo se generan más y más necesidades, artificiales, pero existentes, y esto exige mayor formación en capacidades que logren suplirlas. Ya apenas importa la metafísica, la reflexión, solo la producción material. 


A diferencia de las artes mecánicas, las productoras, las que cubren necesidades humanas mediante la transformación de la naturaleza, las cuales permiten avance, las artes liberales sólo evocan al alivio o la inquietud del alma con el estudio de lo inconcreto, de los entes situados entre lo supremo y lo mundano. Es curioso cómo, a pesar de nuestras diferencias con los pensadores del medievo, en asuntos referentes a lo abstracto mantenemos su cuota de certeza. 


Sol oritur occasus nescius


Primus parens hominum


Estas son dos de las canciones incluidas en el Hortus deliciarum. 

martes, 28 de febrero de 2017

Sobre la circularidad

Bien es sabido que en el Medievo todo avance científico estuvo subyugado al control de la Iglesia. Los filósofos se ocuparon, no obstante, de la esfera matemática indagando en diferentes conceptos, todo siempre asegurándose de no contradecir el ideal católico.
Así hablan, por ejemplo, San Agustín y Boecio del concepto de círculo, utilizándolo para explicar la relación del hombre con la divinidad. San Agustín realizó una especie de experimento mental que podemos repetir hoy. La prueba consiste en imaginar un círculo, el círculo más pequeño posible.
Sea como sea dicho círculo, podremos trazar otro concéntrico dentro del mismo. Y si se distingue un centro para este, también será posible introducir un tercer círculo más pequeño, y un cuarto y un quinto, y así hasta que el círculo sea tan pequeño que sea semejante a un punto. Ese punto representa la bondad, y en tanto que se puede realizar la misma construcción pero a la inversa, también se relaciona con la divinidad. Estos es, si es posible imaginar un círculo tan infinitamente pequeño que deba representarse, por fuerza, con un punto, también puede pensarse en un círculo tan infinitamente grande que, sin perder de vista en lo mental sus límites, sería omniabarcante, puesto que no tendría fin, y pese a ello pensaríamos en un círculo. Infinito, pero circular a fin de cuentas.
Esa “utopía a lo grande” representaría la divinidad. Al igual que nuestro círculo, es imaginable, pensable y hay lugar para la especulación sobre la misma, y sin embargo, es inconcreta e indefinible con exactitud.
Sobre el mismo supuesto Boecio identificaría ambos círculos como concéntricos. Hablaría de uno mismo, como centro puntual, como bondad identificada como ser del hombre, y de todo lo restante, lo que se extiende entre dos extremos, diría que se trata del destino.
Me pregunto si Boecio vería la identidad indefinida de ambos conceptos. El destino se equipara al conjunto indefinido entre los elementos en cuestión por la indeterminación. Sin embargo debe haber algo que los relacione, puesto que un círculo, aunque sea infinito, no puede pensarse sin su centro, su circunferencia y su superficie. Así habrá de ser la realidad, donde lo trascendente fundamenta lo corpóreo, pero necesite de esto para materializarse.

Tal vez a esto se refería Parménides con sus características del Ser. Llámese Ser, llámese ente supremo, llámese Dios, los medievales parecen adoptar una vez más el fundamento griego clásico hasta hacerlo suyo. Quizá debido a esto las representaciones pictóricas siempre relacionen lo circular con lo que todo lo abarca, con las areolas de los santos y el límite que en la misma imagen de cabecera seleccionada para este blog, rodea a las artes liberales. Todo conlleva un marcado matiz de perfección y rotundidad infinita. 
Otras cuestiones relativas a la matemática medieval serán abordadas más adelante. 

domingo, 19 de febrero de 2017

El sufrimiento y la ciudad de Dios

A menudo tendemos a identificar la filosofía medieval como un método de creación dogmática religiosa, concretamente, católica. Sin embargo esta afirmación debe ser matizada, puesto que la pretensión de los autores (incluso de los cristianos) no contaban con ese enfoque.
Es cierto que Dios custodia todo ideal, y que un demonio juega a enredar al hombre con tentaciones. También es cierto que las buenas acciones avalan en este contexto el paso a la vida eterna, y que las malas propician el infierno. No obstante dichas acciones se contemplan y presuponen tanto para falsos creyentes como para creyentes sinceros, ergo Dios no puede ser el tema directo, sino que lo es la disyuntiva entre el bien y el mal. 
Así lo cuenta San Agustín de Hipona en La Ciudad de Dios. Todo hombre bueno que actúe correctamente, ya sea guiado por la fe o por su razón, formará parte de la ciudad de Dios, aunque ni siquiera creyera en Él. 
Puede que a veces triunfe la ciudad terrena, que ambición y egoísmo puedan con bondad y altruismo. A fin de cuentas el bien parece tener una cuota de poder inferior a la tentación del mal en el hombre. El mal camino, el prohibido, siempre resulta más atrayente, porque es más fácil que el bien, más rápido, para conseguir lo que se quiere. Es el camino del interés, y también el del sufrimiento. Porque detrás de una decisión perversa siempre se esconde una porción de dolor. 
Filósofos posteriores dirán que el hombre es malo por naturaleza, o que, al menos, la sociedad lo corrompe. Tal vez ese sea el problema: que la realidad es cíclica en todos sus ámbitos y el mundo terrenal se haya configurado en un bucle de mal y sufrimiento: sufrimiento que en última instancia trae el actuar mal; mal que intenta buscar una salida al sufrimiento. 
Pero en el fondo, en todo corazón quedan candentes las brasas del bien. Por muy terrenas que sean las entrañas del hombre, su alma, por naturaleza, conserva algo de la pureza que la originó. Es el sustrato del hombre, y hará que el devenir de los tiempos y realidades haga triunfar la ciudad de Dios. 
San Agustín creía en la bondad del hombre, y exista o no exista la ciudad de Dios (si lo hace será en otro mundo, en uno perfecto donde nada tiente a ser perverso, igual que ocurre al observar el cielo nocturno, cuando las estrellas parecen purificar los corazones heridos), hemos visto surgir el bien de las cenizas del mundo. Hemos visto unirse las manos cuando este se derrumba. 
Tal vez sea cierto que los contrarios se generan. Quizá el bien nace para contrarrestar al mal, o puede que más bien sea este el que constantemente trate de derrocarlo, sin poder. Tal vez de las ruinas terrenas finalmente termina surgiendo la ciudad de Dios, aunque el mal amenace con volver a corromperla. Es posible que en verdad el sufrimiento sea la articulación entre ambos opuestos, el motor de la historia. Por tanto para evitar que el mal surja ayudaría eliminar el sufrimiento, pero, ¿cómo hacerlo? Los filósofos medievales, entre ellos San Agustín, dirán que entregándose a la fe en Dios, ya que él sabá cómo guiarnos a su ciudad.