Algunas citas dignas de recuerdo


miércoles, 26 de abril de 2017

Averroes y la mujer en el islam

Hoy recuerdo mi reciente viaje a Granada, donde pude comprobar que, a veces, la teoría se hace tangible. Poco conocía entonces acerca del pensamiento islámico, y aunque a pesar de mi paso por las clases del profesor Rafael Ramón Guerrero (especialista en filosofía medieval y árabe), siento que mi curiosidad me muestra lo poco que todavía sé, lo muchísimo que me queda por conocer en cuanto a esta temática.
Mi curiosidad pareció en primera instancia, desde la apertura de este blog, en un autor andalusí, cordobés, concretamente: Abu I’Walid Muhammad Ibn Ahmad Ibn Muhammad Ibn Rusd, alias Averroes.
Averroes es conocido como El Comentador, título merecido por dedicar gran parte de su obra a comentar los textos y teorías de los pensadores antiguos, como Platón y Aristóteles. A partir de la reflexión expuesta en estos comentarios Averroes muestra su filosofía.
De todo lo dado acerca de este autor en las clases, nuevamente mi atención se centró en el comentario que realizó a la Azora 4 del Corán, sobre las mujeres. Bien es sabido que el papel de la mujer en el islam es notablemente inferior al del hombre a todos los niveles: político, económico, social y jurídico, en tanto que la religión, la ley divina, y la justicia, son equiparables. Actualmente y desde la aparición de su libro fundamental, el Corán, diversas y constantes aberraciones cometidas contra la mujer han sido justificadas por los musulmanes en las exigencias del Corán, concretamente de la Azora 4.
Sin embargo atendiendo minuciosamente a las aleyas que componen este capítulo, encontramos numerosas discrepancias entre tales argumentos y el texto. No obstante lo dicho, observemos las incongruencias entre diferentes aleyas: mientras unas predican el respeto a la mujer en tanto que madre, esposa, hija, hermana, etc, así como igualdad entre ambos sexos, otras pueden ser interpretadas en sentido contrario. Pese a todo los preceptos descritos parecen ser mucho menos radicales en la teoría que en la práctica.
A continuación veamos algunos de estos paisajes coránicos:
-        2.187: “Durante el mes del ayuno os es lícito por la noche uniros con vuestras mujeres: son vestidura para vosotros y vosotros lo sois para ellas…”
-        2.222: “Te interrogan acerca de la menstruación. Di: “Es un mal. ¡Manteneos apartados de las mujeres durante la menstruación y no os acerquéis a ellas hasta que se hayan purificado!...”.
-        2.223: “Vuestras mujeres son para vosotros como un campo labrado. ¡Venid, pues, a vuestro campo como queráis…”.
-        30.21: “Entre Sus signos está el haberos creado esposas nacidas entre vosotros, para que os sirvan de quietud, y el haber suscitado entre vosotros el afecto y la bondad. Hay en ello, sí, signos para gente que reflexiona”.
Atendamos sobre todo a esta última. En ella se reconoce incluso la capacidad racional y reflexiva de las mujeres, la cual hoy no parece ser reconocida, en vista de tantos delitos cometidos a diarios contra ellas.
Averroes defenderá su capacidad racional y criticará el poco margen que se les da para demostrar sus capacidades, exactamente iguales a las de los hombres si, en caso de la religión musulmana, se les diera oportunidad de ello instruyéndolas en artes diferentes a las tareas teóricamente prescritas para las mujeres (como hilar, por ejemplo).
«En estas sociedades nuestras se desconocen las competencias de las mujeres, porque en ellas sólo son aceptadas para procrear, siendo confinadas al servicio de sus maridos y relegadas al cuidado de la procreación, educación y crianza. Pero esto inutiliza sus otras capacidades. Como en estas sociedades las mujeres no son preparadas para ninguna de las virtudes humanas, con frecuencia parecen meras plantas. Son una carga para los hombres, por lo que esto es una de las razones de la pobreza de estas comunidades, en las que llegan a duplicar en número a los varones, mientras que al mismo tiempo, y en tanto carecen de formación, no contribuyen a ninguna otra de las actividades necesarias, excepto en muy pocas, como el arte de hilar y el de tejer, las cuales realizan la mayoría de las veces cuando necesitan fondos para subsistir». – Averroes, sobre la azora cuarta del Corán.
A pesar de la suscripción del autor a la consideración de la mujer como un igual, existe otra aleya cuyo contenido es muy discutido:
4.34: “Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Dios ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Dios mande que cuiden. ¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis más con ellas. Dios es excelso, grande”.
Numerosos lingüistas y expertos parecen coincidir en la traducción del árabe de esta aleya, y en efecto, deducir que apunta e incita al maltrato de la mujer “en caso de necesidad”.
Un asunto muy controvertido en la actualidad versa sobre el asunto del velo y la vestimenta, en general, de la mujer musulmana.  Veamos algunas aleyas que a esto refieren y observemos que, en efecto, no la obliga al uso del burka, incluso del velo y otras vestimentas:
-        Azora 24: La Luz (al-nūr) 31. Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están a la vista, que cubran sus pechos con los velos y no exhiban sus adornos sino a sus esposos, a sus padres, a sus suegros, a sus propios hijos, a sus hijastros, a sus hermanos, a sus sobrinos carnales, a sus mujeres, a sus esclavas, a sus criados varones fríos, a los niños que no saben aún de las partes femeninas. Que no batan ellas con sus pies de modo que se descubran sus adornos ocultos. ¡Volvéos todos a Allah, creyentes! Quizás, así, prosperéis.
Jumur, plural de jimār. Significa, en su sentido originario, la pieza de ropa que sirve para cubrir, para ocultar, que es el sentido que tiene la raíz jm-r. El velo. En algunos textos clásicos se dice que es el velo con el que la mujer cubría la cabeza.
Ŷuyūb, plural de ŷuyb, significa, “pecho, seno”.
Se trata, entonces de que las mujeres cubran sus senos, sus pechos -su escote, dice alguna traducción-. La edición del Corán a cargo de la Universidad de Medina, en Arabia Saudí, se ve obligada a añadir piadosamente en nota al lector: “Y también sus cabezas y sus cuellos”.
-        Azora 33: La coalición (al-ahzāb) «59. ¡Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran con el manto. Es lo mejor para que se las distinga y no sean molestadas. Allah es indulgente, misericordioso».
-        Azora 33, aleya 53: «… Cuando les pidáis un objeto hacedlo desde detrás de una cortina. Es más decoroso para vosotros y para ellas. No debéis molestar al Enviado de Allah, ni casaros jamás con las que hayan sido sus esposas. Esto, para Allah, sería grave».
Sea como fuere, está claro que las exigencias en cuanto a la vestimenta no son originariamente, según las leyes coránicas, tan estricta como ahora parece. Ese es asunto de la Sunna. 
Imagen sacada de internet: http://www.urgente24.com/209160-machismo-islamico-universitario-para-conservar-empleos-y-poder 

viernes, 21 de abril de 2017

El efecto murciélago

Entre el blanco y el negro hay una gama infinita de colores, puesto que siempre se pueden mezclar y dar lugar a otros totalmente diferentes. No conocemos todos los colores, pero tenemos unas vagas referencias, por lo que los diferenciamos. Pero, ¿dónde está el color? El ojo tiene la capacidad de reconocer el color de los objetos, pero en esa facultad no están los colores. Si apagamos la luz y nos quedamos completamente a oscuras no veríamos ningún color, pero esta mesa seguiría siendo del color que es.
Todo nace a partir de la luz. El murciélago, ¿tiene relación con la luz? Nosotros sí, porque la luz hace que cambie nuestra percepción de los colores. Gracias a la facultad del ojo de interacción con la luz podemos percibir el color. Nosotros tenemos una interacción con la luz, pero esa interacción, ¿es consciente? No. No es voluntaria, lo hacemos sin más, sin elegir hacerlo o no. En filosofía esto hace referencia al alma vegetativa que describió Aristóteles.
El murciélago, aun sin ver, tiene una relación con la luz. Se ve atraído por la luz, al igual que lo hacen las polillas, en la búsqueda de su alimento.
Las artes mecánicas se asemejan a lo vegetativo. Se corresponden con el alma vegetativa, porque sacian necesidades. Las artes liberales son propias de lo intelectivo. Y la metafísica, ¿dónde se encuentra? Está fuera de nosotros. Al igual que el ojo no puede conocer todos los colores, nosotros no podemos conocerlo todo. Sólo podemos albergar el deseo de hacerlo. En el mundo medieval el objeto de conocimiento más importante, por encima de todo, era Dios. ¿A caso no nos pasa con Dios como al murciélago con la luz? Tenemos ciertas nociones sobre él, pero no poseemos una interacción completa, consciente, segura. Nuestro conocimiento sobre lo divino es limitado.
Aristóteles en la Metafísica dirá que no podemos saberlo todo, al igual que el murciélago no puede conocer la luz. Por ello es necesaria la interacción con el conocimiento de los demás, para hacer el nuestro propio lo más completo y extenso posible. Lo que cada uno sabe sobre la realidad es poca cosa, sin embargo la reunión de todas las ideas sí puede constituir algo importante. Todos tenemos por naturaleza la facultad de conocer algo. Lo mismo que la luz ciega a los murciélagos, la realidad lo hace con nosotros. Nos ciega el resplandor de la verdad.
Aunque haya alguien con una mayor percepción, esa percepción nunca será completa por sí sola. Por poco que veamos nosotros siempre podemos completar y completarnos. Todos sufrimos de alguna manera el efecto murciélago.  
El presente y el pasado siempre están en interacción. Tantas obras de las que hoy aprendemos fueron compuestas con compilaciones de apuntes de clases, dudas, interpretaciones, concepciones diferentes desde tiempos de la Academia de Platón. Y nosotros, los medievales, los modernos, los completamos progresivamente. 
Los pensadores medievales interpretarán que la luz de Dios nos ciega. Está ahí su verdad, pero esa verdad es tan grande y brillante que no podemos verla, porque nos deslumbra. Presente y pasado interactúan. Nos complementamos con los antiguos, y quienes nos sucedan lo harán con nuestras obras. Entonces debe haber un tercer tiempo: un futuro en el que encontraremos el conocimiento pleno.
Si más allá de la muerte hay una parte de nuestra alma capaz de observar el Bien puro e integrarse con él, es porque en nuestra vida pasada intentamos acercarnos a él mediante nuestras acciones.
La beatitud es estar en el Bien puro, la felicidad eterna. La felicidad intelectual es lo que obtenemos mediante el bien inmediato, en la Tierra. En hacer el bien en la Tierra hay un placer, una fruición, un deseo. Por tanto la vida eterna es un eterno placer.
Los teólogos dirán que necesitamos del auxilio divino, porque somos murciélagos, y la iluminación rebate ese efecto de ceguera intelectual. Esto es el misticismo.
Independientemente de la religión a la que se pertenezca, existirán acciones prescritas que impulsarán al hombre a la iluminación. En nuestro caso, estudiantes, la exigencia se transmite de otra manera. Una vez hayamos sido instruidos en nuestro arte debemos esforzarnos en ejercer lo que hayamos aprendido con la mayor plenitud y grandeza posible, aunque en el aprendizaje nos hayamos percatado de que la luz que nos ciega los ojos es aún más brillante. Pero nuestro esfuerzo será recompensado con la felicidad intelectual. En esa acción seguirá operando el sumo Bien. Toda operación humana que está bien hecha tendrá interacción y relación con el sumo bien.

El problema es que se nos presentan numerosas dificultades para hacer las cosas bien… Confiar ciegamente en una autoridad frágil, o en las costumbres de lo colectivo. A veces también nuestra propia ignorancia nos sabotea: el efecto murciélago multiplicado. Nuestro empecinamiento en lo que creemos cierto siendo desconocido, la sabiduría aparente, nos limita. Nos impide alcanzar la felicidad intelectual. La ignorancia es una autolimitación que nos impide aprender. Los prejuicios sobre uno mismo, y sobre los demás. 


jueves, 20 de abril de 2017

Hortus deliciarum, artes liberales y actualidad

A pesar del tiempo transcurrido desde la apertura de CONECT@VERROES me gustaría retomar las publicaciones haciendo referencia a un vistoso elemento de este blog: la imagen de cabecera. 

Mi interés en referencia a las recensiones requeridas en clase ha recaído en la obra de Thierry de Chartres Tratado de la Obra de los Seis Días. Esta presenta la exégesis del creacionismo descrito en el Génesis desde el punto de vista de la física. Para ello, como perteneciente de la Escuela de Chartres, el autor utiliza el trivium (la elocuencia) y el quadrivium (la matemática), las llamadas artes liberales, con objeto de construir una argumentación sólida en favor de su propósito: demostrar el creacionismo. 
En la imagen referida aparecen representadas mediante figuras femeninas las siete artes liberales. Nuevamente pongamos atención al interés y la preferencia por la imagen de la mujer en las representaciones medievales.
Pertenece al Hortus deliciarum (Jardín de las delicias), un manuscrito ilustrado medieval cuya autora fue la monja Herrada de Landsberg en el convento de Mont Sainte-Odile Abbey (la abadía de Hohenburg). Esta compilación sirvió como enciclopedia pedagógica para las jóvenes novatas del convento. Fue terminada en 1185 y se trata de la primera enciclopedia reconocida. 
Estaba escrita en latín, con glosas en alemán, en su mayor parte. Incluye poemas, música e ilustraciones (la parte más importante). Entre todos los temas que incluye destacan la literatura y la teología, pero sobre todo, la filosofía. Como ocurre en otras obras, se pretende hacer uso de las artes liberales para la instrucción, para el conocimiento del mundo entero, puesto que estas representan la conexión entre la creación misma y la razón humana. 
Hoy la preocupación por nuestra formación, no obstante, es muy diferente. La sociedad, en general, ha renunciado a la reflexión abstracta, volcándose en la extinción de sus necesidades y en su deleite en lo material. Con el paso del tiempo se generan más y más necesidades, artificiales, pero existentes, y esto exige mayor formación en capacidades que logren suplirlas. Ya apenas importa la metafísica, la reflexión, solo la producción material. 


A diferencia de las artes mecánicas, las productoras, las que cubren necesidades humanas mediante la transformación de la naturaleza, las cuales permiten avance, las artes liberales sólo evocan al alivio o la inquietud del alma con el estudio de lo inconcreto, de los entes situados entre lo supremo y lo mundano. Es curioso cómo, a pesar de nuestras diferencias con los pensadores del medievo, en asuntos referentes a lo abstracto mantenemos su cuota de certeza. 


Sol oritur occasus nescius


Primus parens hominum


Estas son dos de las canciones incluidas en el Hortus deliciarum.